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Entrar en el mundo de Aurelio es hacer un viaje hacia atrás en el tiempo, en esa época en la que la autosuficiencia era lo más habitual. A sus 81 años se enorgullece de vivir aislado del mundo moderno, sin agua corriente, sin ni tan siquiera un baño o un aseo, y de tener una vida llena de aventuras y anécdotas que hoy ha querido compartir con nosotros.
Vive en su pequeña casa de la aldea de San Martín, en Cornudella de Baliera, perteneciente al municipio aragonés de Areny. Aurelio tiene su huerto, un gran vergel que siempre le ha dado verduras y hortalizas suficientes para llegar a esta edad con una independencia encomiable. Tantos años dedicado al cultivo de todo tipo de vegetales, le han colmado de una sabiduría envidiable. Sabe cómo combatir las plagas, cómo trabajar la tierra para que dé lo mejor de ella y así nos lo contará. Aurelio, tu vida es casi una película. ¿A qué te has dedicado a lo largo de los años? He hecho prácticamente de todo. Empecé guardando vacas a los 12 años y así estuve hasta que hice los 20. Cuando tenía 14 años murió mi padre y tuve que ayudar a mi madre con todas las tareas del huerto, la casa, etc. Luego me dediqué al contrabando. Llevaba lana hacia Andorra, que era muy necesaria en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y volvía con las alforjas llenas de tabaco, pero me pillaron. Estuve en la prisión de Lérida y tuve que pagar una multa de 360 pesetas.
¿Cuantos días tardabas en llegar a Andorra? Teníamos que andar 6 días, con la lana cargada a la espalda. Era un trabajo duro. Luego, a los 28 años enfermé de poliomielitis y estuve ingresado en el Clínico de Barcelona durante un año. Nadie daba un duro por mí, sólo me funcionaban el corazón y la cabeza, pero lo superé. Simultáneamente, mi madre también enfermó y yo no pude ayudarla. A los 30 años me quedé huérfano de padre y de madre. Solo en el mundo.Y cuando volviste al pueblo, ¿a qué te dedicaste? Primero fui maestro de la escuela. Venían 30 niños de la zona y yo les enseñaba a leer y a escribir. Además también hacía de practicante, ya que había aprendido a pincharme yo solo durante mi estancia en el Clínico. Luego ya vino una maestra a ocupar mi lugar. Con tanto niño me hubiera vuelto loco.
Me han contado que también hacías radiestesia Sí, es una profesión que aprendí en un libro. Buscaba agua con un palo, y la verdad es que la encontraba. Otra profesión curiosa a la que me dediqué fue la taxidermia. En esa época estaba muy de moda entre los cazadores tener piezas de animales disecadas en casa y yo aprendí a hacerlo. Pero realmente lo que mejor me salió fue una taberna que monté cuando en la Cornudella vivían alrededor de 800 personas. Fue antes de los años 60, ya que después las aldeas empezaron a despoblarse.
¿Siempre has tenido huerto? Siempre. Ha sido lo que me ha dado de comer en muchas ocasiones. Cada temporada tiene sus frutos y hortalizas. Para comer carne, cazaba o criaba algún animal e intercambiaba productos.
Y ahora ¿qué tienes en el huerto? La primavera es un momento crítico del huerto. Se deben plantar las hortalizas que madurarán en verano, pero no hay muchos vegetales. Puede haber espinacas, coles, coles de Bruselas, coliflores y espárragos, pero para de contar. Los árboles frutales, como los cerezos o los membrillos, están en plena floración.
¿Cuales son las tareas del huerto que hay que hacer en esta temporada? Ahora es el momento de preparar bien la tierra: quitar las malas hierbas, cavar, abonar y empezar a plantar las patatas tempranas. También he hecho el semillero de tomates.Tus tomates son los mejores que he probado nunca. ¿De dónde viene la semilla? La semilla es de la zona, de siempre. Son unos tomates muy dulces, suaves y jugosos, pero hay más gente alrededor que tiene la misma semilla. ¿Y la esparraguera? Al menos tiene 20 años. Tiene una gran raíz. La esparraguera es muy fácil de cuidar. Simplemente se tiene que plantar y añadirle cuatro dedos de tierra cada año. ¿Sabes el dicho de los espárragos? “Los de abril para mí, los de mayo para mi hermano y los de junio parar ninguno”, o sea que ahora es el momento ideal para comerlos. Aunque vivas solo, cada día tienes visita, ¿no es cierto? No hay día que no venga alguien a verme. La verdad es que todo el mundo se porta muy bien conmigo. Vienen, me explican historias, les cuento lo que puedo y nos reímos un rato. En temporada de setas, vienen a preguntarme dónde ir a buscarlas. Aquí hay mucho cep y huevo de reig, ambas setas muy apreciadas gastronómicamente hablando. ¿Es cierto que vive mucha gente extranjera alrededor? Sí, aquí han venido a vivir alemanes, holandeses, franceses, vascos. Les gusta el mundo rural y yo tengo relación con todos. Supongo que les ha gustado el paisaje de la Ribera, que es como se denomina popularmente esta zona, y finalmente se han quedado. La gente nacida aquí casi toda se ha ido. Dejamos a Aurelio delante del fuego a tierra, en un espacio muy reducido dónde pasa la gran mayoría de las horas del invierno. La lumbre le calienta, le sirve de cocina, de encendedor de los cigarrillos que lía con sorprendente destreza. La llama baila tranquila e invita a la charla. Es su pequeño refugio, un auténtico museo de costumbres en pleno funcionamiento que vive a espaldas de la vorágine de la ciudad y que conserva toda la sabiduría de la vida en su estado más puro. Hasta pronto Aurelio, que pases un buen día.
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