San Valentin |
![]() Si la cuesta de enero ha sido realmente dura tras unas navidades cargadas de regalos, copiosas comidas e inacabables reuniones familiares, una buena salida para mantener feliz a nuestra pareja es regalarle una flor, un bulbo (que germinará en primavera) o una planta, de exterior o interior. Algo vivo, para que la relación también siga viva. A pesar de que las rosas han sido las inseparables flores de San Valentín, desde que esta celebración se ha convertido en el símbolo de los enamorados, hay miles de alternativas que, no por ser novedosas o económicas, tienen que ser peores. Darse un paseo por un prado y recoger cuatro flores silvestres atadas con un lazo puede ser, incluso, algo mucho más romántico que acudir a las flores cultivadas. Aunque eso va a gusto del consumidor. ![]() Sus orígenes se remontan a la Roma Antigua. El día 15 de Febrero se celebraba entonces una fiesta llamada Lupercalia, en honor al dios Luperco, para la protección contra los lobos. Durante la velada, los hombres, ataviados con tiras hechas de piel de animal azotaban a las mujeres para hacerlas más fértiles. En el año 270 dc, el emperador Claudio II publicó un edicto en el que prohibía el matrimonio a los soldados jóvenes basándose en la creencia que los solteros eran mejores soldados que los que gozaban de una familia. Ante esa prohibición, un sacerdote llamado Valentín empezó a celebrar matrimonios en secreto y aunque fueron muchos los que pudieron disfrutar del sacramento, Claudio II se enteró y lo llamó a palacio. Aunque el sacerdote fue dispuesto a hablarle al emperador del cristianismo, Claudio II decidió encarcelarlo y lo martirizó y ejecutó el 14 de febrero, fecha en que hoy, ya sea por el femicidio que representaba la Lupercalia, llamada también fiesta de la fertilidad, o por conmemorar la muerte del buen sacerdote, los enamorados se prometen amor mediante productos de consumo.
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