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Boletín

Núria Sardà

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Nos da la bienvenida en casa de su hija, dónde podremos conversar en un precioso jardín. Ya en el primer contacto con ella se aprecia su fuerza y talante. Núria Sardà es una mujer que derrocha vitalidad. Madre de 7 hijos, abuela de 14, esta mujer afincada en Barcelona no ha tenido una vida aburrida. Siempre dedicada a los suyos y con el afán de divertirse y tirar para adelante, un día se cruzó en su vida la idea de abrir una floristería.

 

Como se le ocurrió abrir una floristería?
La verdad, por mero sentido común. Vivíamos delante de una clínica y pensé que un negocio que podría funcionar sería una floristería. Entonces yo no tenía ni idea de plantas, ni de flores, pero tenía ganas de hacerlo y con eso es suficiente. Además, mis hijos estaban en una edad crítica y quería que se aficionaran a alguna cosa, quería tenerlos entretenidos, por eso lo hice.

Y funcionó?
Por supuesto que funcionó. Fueron unos años, concretamente 4, la mar de divertidos. Recuerdo cuando íbamos a comprar flores a Vilasar de Mar, cogíamos las que más nos gustaban, cargábamos un carrito y de vuelta a la clínica.

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Como se llamaba la tienda?
Se llamaba El jardín. Si me permites una anécdota recuerdo que el primer día que vendí un ramo, con las técnicas que había aprendido en un cursillo, me pinché con el alambre que ata las flores. Disimulé como si no hubiera pasado nada, limpiando contínuamente el mostrador y sonriéndole al señor mientras le acababa la composición. A pesar que caía bastante sangre, conseguí disimular. La verdad, pasé mucho apuro.

Y sus hijos se aficionaron a la jardinería?
A ver, ellos ahora no se dedican a eso, pero en ese momento los tres o cuatro que tenían más o menos una edad adecuada, pusieron su granito de arena y creo que nos fue muy bien como experiencia. Cuente que hace alrededor de 20 años de eso.

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Qué flores se vendían más?
La flor por excelencia era, por supuesto, la rosa. La begonia y el ciclamen eran las  plantas que más vendíamos. Una fecha que recuerdo de manera especial era el día de San Valentín, porque servíamos flores a los médicos o enfermeros  del hospital.

Cual es su flor preferida?
En realidad prefiero las plantas, porque viven, las puedes regar y de ellas salen muchas flores. Recuerdo que un año, por Sant Jordi, un hijo me regaló un rosal. Ahora si que has acertado! Le dije. Prefiero un rosal a una rosa o a un ramo enorme de flores, porque se marchitan demasiado pronto y me sabe mal.

Y su árbol favorito?
Me encanta el ciprés, porque es alto, elegante, robusto, que nunca pierde las hojas, es un buen árbol de bienvenida. También me gustan los olivos.

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Qué planta recomendaría a una persona con poco tiempo?
Los ciclámenes son muy resultones, puesto que no necesitan cuidados especiales y tienen una floración muy vistosa. La kentia es otra de las plantas que mejor les funciona a la gente con poco tiempo, ya que luce mucho y sólo es cuestión de acertarle el sitio en la casa.

Y ahora, a qué dedica su tiempo libre?
Tengo muchos hobbies, pero los que más me gustan son los puzzles y hacer muñecos de trapo. Los hago para un hospital del Congo, para que se los den a los niños enfermos. Creo que a parte de las medicinas que les enviamos, los niños necesitan algún juguete, alguna ilusión, por eso lo hago. Me han mandado fotos con los niños jugando y eso es una gran satisfacción.

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Cuanto tarda en hacer un muñeco?
Alrededor de un día, si estoy toda la jornada cosiendo, pero como no es el caso, hago dos o tres a la semana, más o menos.

Damos por terminada la entrevista. La tarde cae en ese precioso jardín de Vacarisses, con el Cingle y Montserrat de testigos. El almendro florido y los pensamientos compiten en belleza mientras corre una suave brisa de primavera. Los tallos de bambú se mecen ingrávidos emitiendo crujidos de hojarasca. Es una preciosa tarde y hemos tenido una bonita charla.

Muchas gracias Núria.

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