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La mostaza es una planta que se cultiva en muchos huertos con el mero objetivo de constituir un valioso abono verde para la tierra.
Si este es el principal fin de cultivarla, deberemos cortarla antes de que florezca, dejarla secar y mezclarla con el suelo. Sin embargo, no estará de más que reservemos alguna planta para poder disfrutar del sabor de sus semillas, que se han internacionalizado como el principal ingrediente de una salsa que también lleva su nombre y de sabor amargo. Usada en ensaladas o combinada con carnes, la mostaza potencia los sabores de todos sus compañeros de plato. A continuación, desde el portaldeljardin.com te damos unas cuantas claves para que disfrutes de ella en casa o para que la uses para enriquecer tu huerto.
Plantación Existen dos variedades de mostaza: la blanca (Brassica Alba) y la negra (Brassica juncea). Pueden cultivarse para enriquecer la tierra. En ese caso enterraremos las plantas con el arado para fertilizar la tierra. Aunque tiene un inconveniente importante: no soporta las heladas a pesar de ser una planta de la familia de las coles. Si a pesar de ello queremos que la mostaza nos refuerce el suelo, será indicado plantarla en filas, para permitirnos eliminar asíduamente las malas hierbas que podrían empobrecer el suelo.
Las plantas de mostaza crecen con rapidez y para desarrollarse óptimamente requieren un suelo rico, con un PH superior a 6. Su momento de plantación es a principios de primavera. Separaremos las semillas unos 60 cm entre ellas y cuando la planta empiece a coronar, las aclaremos dejando aproximadamente unos 20 cm entre planta y planta.
Recolección Para recolectar las semillas de mostaza deberemos arrancar las plantas antes de que las vainas se hayan secado por completo y se hayan endurecido. Las colgaremos en manojos en un lugar oscuro para que se sequen. Cuando hayan quedado completamente secas, las moleremos en un mortero. Este polvo, añadido a vinagres o aceites, es un ingrediente muy sabroso para hacer vinagretas, etc.
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