Las plantas, un beneficio para el medio ambiente |
![]() Las plantas, arbustos, árboles y hierbas, se caracterizan por ser organismos que absorben dióxido de carbono presente en la atmósfera (CO2) y, con ayuda de la luz del Sol, obtienen la energía necesaria para su crecimiento. Es la denominada fotosíntesis. Además, en este proceso de alimentación, las plantas liberan oxígeno a la atmósfera. Es el residuo que producen los vegetales. ![]() El dióxido de carbono es uno de los principales gases que generan el efecto invernadero, o sea, el calentamiento global, el deshielo de los polos y el aumento del nivel del mar. El problema es que el dióxido de carbono que genera la humanidad no proviene sólo de la respiración de cada uno de nosotros, sino de la combustión de los denominados combustibles fósiles, es decir, del gas y del petróleo. Estos combustibles no son más que restos de plantas que, durante millones de años se han ido transformando hasta que nosotros los hemos extraído para alimentar los coches, camiones, fábricas y centrales energéticas. ![]() Ése es uno de los principales motivos de la importancia de las plantas en nuestro planeta. De algún modo, sin ellas nada sería posible. Contribuyen decisivamente a la oxigenación del mundo y nos permiten respirar. La Amazonía, la mayor concentración de vegetales del mundo, es considerada el pulmón del planeta. Allí se producen grandes cantidades de oxígeno y se absorben toneladas de dióxido de carbono. Nuestra contribución puede ser pequeña pero no por ello despreciable. Para reducir el dióxido de carbono podemos viajar en transporte público, en bicicleta o andando en lugar de usar el coche particular, podemos ahorrar energía con el uso razonable de los aparatos que necesitan energía, con electrodomésticos de bajo consumo y controlando el aire acondicionado y la calefacción. ![]() Además, podemos poner nuestra guinda para reducir el efecto invernadero: cultivar unas plantas. Flores, arbustos, árboles, hierbas… no importa. Todas absorben el carbono y nos permiten vivir mejor. Y si queremos contribuir todavía más debemos elegir las especies autóctonas, resistentes a nuestro clima, que no precisen grandes cantidades de agua ni abonos. Es muy fácil y la Tierra nos lo agradecerá.
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